Los magníficos portadores de pijamas y gotero"

Ay, superhéroes, cómo me gustaría veros sin la capa voladora… deberíais conocer a los bajitos corredores de pasillos, a los niños de mi azotea. Ellos sí que saben de monstruos, en serio. Me gustaría que supierais que os dan mil vueltas; mil de planeta Tierra. .

 

Las historias que nos rodean, especialmente aquellas con las que crecemos, nos influyen inmensamente. Estas historias -imprescindibles- están empapadas de estereotipos que, más que falsos, son incompletos. Qué duda cabe: nos llevan a nuevos mundos fantásticos, lejanos y trepidantes. Pero la consecuencia impensada de esas lecturas es la de no esperar que personas como nosotras puedan estar en los cuentos. Gracias por tu luz, Chimamanda.

 

“Él cuenta contigo” quiere romper la tendencia de quiénes pueden ser –o mejor, quiénes no pueden ser- los protagonistas de los cuentos.

 

Siempre niños y niñas sanos, veloces y flexibles; capaces de abatir dragones y escalar montañas. Cuando, si lo piensas, el hecho de prepararse para una aspiración de médula ósea ya es un acto titánico. Y sin moverse de una cama. Apuesto a que es en las salas de espera de los hospitales el lugar donde las personas nos sentimos más frágiles y vulnerables.

 

En mis cuentos, los niños están hartos de estar enfermos  y de parecer unos blandengues –pero no lo son-. A veces, ni siquiera tienen fuerzas para asomarse al pasillo por donde pasan los otros niños; o tendrán que caminar decididos hasta enfrentarse con la Bruja y su conjuro aunque les tiemblen las piernas. Son niños como los demás. Tienen que atreverse porque es lo que les ha tocado. Simplemente, no les queda otro remedio: no son más fuertes, más veloces, más listos ni más flexibles que el resto. Están hechos de muchas historias de debilidad y fortaleza. Por ello, sus actos de lucha y resistencia son más mágicos, más potentes, más valientes, más admirables, mejores.

 

Una vivencia de enfermedad es sentida por la mayoría como una catástrofe personal, es drama y un dolor punzante. Pero no es lo único. Hay personas que dan todo su tiempo y esfuerzo –el tiempo, nuestro gran valor y tesoro- por aportar una idea o un gesto que pueda hacer avanzar la ciencia, por reconfortar al que sufre, por hacer de los hospitales y laboratorios un lugar mejor y de esperanza.  Las familias descubren una dimensión del amor y de la vida hasta entonces desconocida u olvidada; nos agota, pero también nos ayuda a recuperar el sentido de las prioridades.

 

Estos vídeocuentos tratan de validar los sentimientos, de ayudar a enfrentarse a tanto miedo, a construir palabras como frente y por bandera –si hay una lucha que merezca la pena librarse, es la que nos lleva a encontrar nuestras palabras-. Crean héroes a la medida de los niños y niñas de hospital que, sin duda, son de una mesura gigante.

 

Y vencerán siempre, claro. Como en todos los buenos cuentos.

 

Alicia Chamorro García

Mayo de 2015

 

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